Corrientes, Viernes 10 de septiembre de 2010 07:31:24 Temp: º Hum: 90%
La historia sostiene que tras pasar Manuel Belgrano por el viejo Yaguareté Corá, rumbo al Paraguay, Antonio Ríos ofrendó al ejército un nene de 12 años. Pedro Ríos, acompañó la tropa y el 9 de marzo de 1811 una bala perdida en pleno combate terminó con su vida pero inició una larga historia de pura valentía. Concepción hoy atesora su pasado y se aferra a sus principios en medio de un profundo cambio institucional de revalorizar la decencia, la transparencia, el coraje y la honestidad de sus hombres.
Interior | 8 de marzo
Pedro Ríos nació en 1798 en Yaguareté Corá (corral de tigre en guaraní). Un pueblo que empezó a despertar y a caminar por la gran historia de su valioso pasado. Un pueblito que hoy se llama Concepción y busca salir de la marginación y de un largo mote de corrupción, aferrándose a sus principios y valores morales.
A fines de 1810 pasó por allí Manuel Belgrano con su reducido ejército, rumbo al Paraguay. Según Francisco Atenodoro Benítez, citado por Enrique Mario Mayochi, Belgrano con alguno de sus oficiales se dirigió al oratorio para rezar ante la imagen de San Francisco de Asís, patrono original del poblado. Al salir de la capilla para visitar la escuelita local, fue rodeado por varios paisanos que le pidieron incorporase al ejército. Entre ellos estaba el niño Pedro Ríos, por entonces de doce años, quien insistía en que Belgrano lo incorporase a su tropa.
Manuel dudó en un principio, pero el padre del niño, Antonio Ríos, antiguo maestro rural, le dijo: “No sólo doy mi consentimiento, sino también le ruego que lo acepte, porque yo, con mis 65 años de existencia, soy un hombre anciano, y la entrega de mi hijo es la única ofrenda que puedo hacer a la Patria”.
En el ejército de Belgrano había un comandante cuya visión estaba muy disminuida, quien pidió al general que aceptara al niño para que le sirviese de guía. Y así ocurrió.
Cuando llegaron al Paraguay, los patriotas debieron enfrentar la resistencia del gobernador Bernardo de Velazco. La primera batalla tuvo lugar en Paraguarí, donde Pedrito tomó a su cargo el tambor cuando el encargado del mismo ocupó un lugar como soldado. El 9 de marzo de 1811 se desarrolló el duro combate de Tacuarí. Belgrano, con 250 hombres, debió enfrentar a 2.000. Siete horas duraron las acciones.
Pedrito, redoblando con los palillos el parche de su tambor, alentaba a los soldados de la Junta de Buenos Aires hasta que dos balas de fusil pusieron fin a su vida.
El tambor de Tacuarí no fue una leyenda sino una realidad. La valentía, la hidalguía, la entereza de un padre que sin tener recursos económicos ofreció sin embargo su mayor riqueza. Brindando un mensaje profundo optó generosamente ceder la vida de su propio hijo para que la patria disponga. Una patria que está a punto de cumplir 200 años de nobles ejemplos y de los cuales hoy su pueblo intenta retomarlos y hacerlos suyo. La historia del niño-héroe debería ser hoy un espejo donde muchos concepcionistas tendrían que empezar a reflejarse.
Institucionalmente Concepción Corrientes sortea hoy obstáculos de personajes que no entienden los procesos de cambio. Hombres y mujeres que pisotean sus propios códigos y enceguecidos por el vil metal creen atravesar barreras para lograr sus objetivos a cualquier costo, aunque en realidad están involucionando. Sujetos que se olvidaron de ser y tomaron a la incoherencia, la marginalidad, la mediocridad y la ignorancia como sus mejores aliados. La pesada mochila de la historia hoy sin embargo les está mostrando un camino distinto y por suerte la mayoría del pueblo empezó a entender que la envidia, la chatura, la obstinación y la ambición descontrolada; siempre es dañina. El pueblo entero ya no está dispuesto a acompañar fechorías que antes aceptaba callado. Hoy el silencio ya no es cómplice porque Concepción está siendo invadido por un cambio generacional que busca sanarse.
Del otro lado, aislados, solitarios y muy bien identificados los retrógrados, los inmorales y promiscuos que estuvieron juntos, se separaron, pero ahora con el objetivo de la migaja volvieron a aliarse sin coincidencias ideológicas ni convicciones.
200 años después de aquel mensaje heroico, Concepción finalmente intenta retomar ese sendero de glorioso pasado por el cual alguna vez se sintió orgulloso.
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