| Sólo $ 1 de cada $ 4 de impuestos nacionales va a las provincias |
Urgente
20/09/12 - 19:37
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Las manifestaciones de disconformidad de la población –más allá de que se canalicen contra el oficialismo o la inacción de la oposición–, en el fondo delatan la incapacidad para generar instituciones racionales y equitativas. Un ejemplo concreto es la degradación de la relación entre la Nación y las provincias. Según la Constitución Nacional de 1994, antes del año 1996 debía sancionarse una nueva ley de coparticipación federal. Pero la desidia y el oportunismo generaron las condiciones para una centralización extrema que es la fuente de las arbitrariedades. En el año 1994, la Argentina hizo una reforma amplia de su Constitución Nacional. Un aspecto clave de esa reforma es el artículo 75° que regula la distribución de recursos fiscales entre la Nación, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires. Su espíritu es la automaticidad de las transferencias entre jurisdicciones para prevenir las arbitrariedades y la imprevisibilidad en la coparticipación fiscal. Pasaron 16 años de la fecha límite establecida por la Constitución y este mandato no se ha cumplido. Desde entonces, los impuestos recaudados por la AFIP que automáticamente se remiten a las provincias tuvieron el siguiente devenir: * Entre los años 1994 (cuando se reforma la Constitución Nacional) y 2011, las provincias recibieron, en promedio, el 32,0% del total de la recaudación. * Entre los años 2002 y 2008, la porción de los recursos nacionales que fluyó automáticamente hacia las provincias se redujo al 27,5%. * Entre los años 2009 y 2012, período durante el cual opera el Fondo de la Soja, los recursos fiscales nacionales distribuidos automáticamente a las provincias llegan apenas al 26,1%. Estos datos muestran cómo se fue deteriorando la relación fiscal entre la Nación y las provincias por no cumplir con el mandato constitucional. Cuando se reformó la Constitución, $1 de cada $3 de recaudación impositiva nacional llegaba automáticamente a las provincias. El mandato constitucional de 1994 se apoyaba en que, en esa época, se estaba en la etapa final de la transferencia de los principales servicios públicos a las provincias. Es claro que la transferencia de la educación y la salud pública, las inversiones de vivienda e infraestructura urbana, exigían rediscutir la distribución de los impuestos nacionales. Esta centralización disminuye la calidad de vida de los ciudadanos. Por un lado, porque se deteriora la calidad de los servicios públicos esenciales. En paralelo, porque legitima una desbordante presión impositiva que no repara en superposiciones (IVA con el Impuestos a los Ingresos Brutos; Impuesto a los Bienes Personales y a la Ganancia Mínima Presunta con el Impuesto Inmobiliario). Las manifestaciones en los principales centros urbanos del país aparentan estar planteadas contra el oficialismo y eventualmente contra la inacción de la oposición. Pero también pueden ser leídas como expresiones contra los abusos y las arbitrariedades que son posibles gracias a haber llevado al extremo la centralización de recursos en el Estado nacional. |

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